domingo, 3 de noviembre de 2013

La "implicancia" del estar en la universalidad
Cuando  hablamos de filosofía utilizamos cierto lenguaje cuyo contenido necesariamente debe revestir el carácter de universal, pues evidentemente en filosofía nos valemos de conceptos universales para  dialogar con los otros. Podríamos determinar, por consiguiente, que la filosofía ocupa un lugar preeminente ya que ella no excluye conceptos universales, sino más bien, incluye tales conceptos en su razonamiento  como elemento integrador del pensamiento humano. Por filosofía entendemos que es aquella que busca la Aprehensión de la realidad como un todo y la consideración de las cosas como parte de un sistema universal. 
No olvidemos que la filosofía ha existido desde siempre como respuesta al desafío de la realidad. Por citar algunos filósofos importantes, Platón que intenta resolver los problemas de la polis griega, San Agustín que estudia el relacionamiento entre cristianos y paganos, Kant que reflexiona sobre el individuo en la modernidad y Hegel que inscribe la historia  a la luz de los acontecimientos confrontativos - generadores  de crecimiento.
Entonces, Si bien para el filósofo L.A. Leopoldo Zea la filosofía tiene carácter regional debido a que sus respuestas se han dado en función de resolver problemáticas de un tiempo y lugar determinado, no más cierto también,  que la filosofía tiene carácter universal en razón de los conceptos que utiliza, que evidentemente son universales.  Así también, el pensador J.C. Scanone cuando habla en defensa del mestizaje cultural se apoya en conceptos y nociones integrados en una estructura de lenguaje universal. De allí que cuando tratamos de identidad latinoamericana hacemos filosofía y en ese proceso nos valemos de diversos conceptos para explicar nuestro pensamiento, por lo que necesariamente estamos aportando algo a la universalidad a pesar de que tal hecho no haya estado en nuestra intención primera. 
Por tanto, si pretendemos encerrarnos en hablar de la identidad solo en nuestro contexto regional sin pretender trascender, estamos pensando de una manera un poco atrasada, con todo respeto. Bien sabemos que solo la filosofía busca respuestas a los grandes problemas que se plantea el ser humano, problemas que son comunes a todos, razón por la cual es necesario creer en la integración universal sirviéndonos de un pensamiento incluyente sin ignorar la cultura de ningún pueblo.
Siguiendo la tradición filosófica encontramos que muchos filósofos comparten que  la esencia del filosofar radica en el principio dual del logos, es decir, la razón y la palabra. Razonar, por un lado sirve para tomar conciencia de lo externo y someterlo a las categorías de comprensión interna y, por otro lado,  el logos es la palabra, es esa capacidad de poder comunicar a los demás, lo definido. Por tanto, tal capacidad de comprender y hacerse comprender mediante el lenguaje en filosofía está claramente condicionada por el afán de ser comprendido por la universalidad de los otros.
Cuando Enrique Dussel, filósofo L.A., habla de que la conciencia es conciencia de alguien apartándose de la noción de conciencia de algo del filósofo alemán Edmund Husserl, en el fondo, entendemos que nos está queriendo decir que ese alguien es precisamente el otro, el otro universal al que pretendemos aportar nuestra particular visión cuando hacemos filosofía.
 Por tanto, también entendemos que ese alguien al que Dussel hace referencia tiene sentido y relación directa con el otro del que habla Lévinas, el otro con el que entablamos una relación, valga la redundancia, horizontal, es decir de tú a tú, por lo que no cabría ni pérdida de la identidad en la universalidad, ni la fagocitación cultural en virtud de una asimetría, pero que para la bancada a favor parece ser una cortina ilusoria “impedidora” del verdadero diálogo filosófico. 
Como bancada reconocemos que todo problema de la realidad tiene un carácter filosófico y, hablar de filosofía es incluir en la universalidad y generar respuestas acerca de esos problemas para la universalidad. El mismo Leopoldo  Zea consideraba que la universalidad de la filosofía dependía de la capacidad de los hombres y pueblos para hacer de la razón un instrumento de comunicación, de diálogo para el intercambio de experiencias para comprender y hacerse comprender. Siguiendo a Leopoldo Zea nos: “si hablamos ahora de una filosofía auténticamente universal, no es porque la naturaleza de la filosofía haya cambiado, sino porque los problemas, por primera vez en la historia de la humanidad, son universales”.
Entonces, en la medida en que haya problemas que afectan a todos los seres humanos por igual, más allá de las diferencias y experiencias  propias, la filosofía L.A. tiene una dimensión universal en la actualidad, tal como nuestra bancada viene postulando y así como ya antes dijo nuestro primer argumentador “tal vez cabría en los años setenta la pregunta por la identidad L.A”, pero no hoy en día.
Entonces dejemos de preocuparnos de la identidad, existen varios conceptos de realidades q podrimos pensar.  Es necesario revestirnos como hombres L. A que sale de su “minoría de edad”
En definitiva nuestra bancada apuesta a una solución por la integración universal, asumir nuestra diversidad en la universalidad como tema que abre el camino a la integración. Por tanto, aceptamos el mestizaje cultural como clave de interpretación de nuestra identidad, pero así también creemos que debemos que el tema está superado. No buscamos ningún idealismo totalizante, absorbente, excluyente, tiranizante sino como bancada creemos que hablar de universalidad no excluye la identidad de cada pueblo, sino al contrario la orienta, integra y revitaliza.
Muchas Gracias!!!


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