La "implicancia" del estar en la universalidad
Cuando hablamos de filosofía utilizamos cierto
lenguaje cuyo contenido necesariamente debe revestir el carácter de universal,
pues evidentemente en filosofía nos valemos de conceptos universales para dialogar con los otros. Podríamos determinar,
por consiguiente, que la filosofía ocupa un lugar preeminente ya que ella no
excluye conceptos universales, sino más bien, incluye tales conceptos en su
razonamiento como elemento integrador
del pensamiento humano. Por filosofía entendemos que es aquella que busca la Aprehensión de la realidad como un todo y la
consideración de las cosas como parte de un sistema universal.
No olvidemos que la filosofía ha
existido desde siempre como respuesta al desafío de la realidad. Por citar
algunos filósofos importantes, Platón
que intenta resolver los problemas de la polis griega, San Agustín que estudia el relacionamiento entre cristianos y
paganos, Kant que reflexiona sobre
el individuo en la modernidad y Hegel
que inscribe la historia a la luz de los
acontecimientos confrontativos - generadores
de crecimiento.
Entonces, Si bien para el filósofo
L.A. Leopoldo Zea la filosofía tiene
carácter regional debido a que sus respuestas se han dado en función de
resolver problemáticas de un tiempo y lugar determinado, no más cierto
también, que la filosofía tiene carácter
universal en razón de los conceptos que utiliza, que evidentemente son
universales. Así también, el pensador J.C. Scanone cuando habla en defensa
del mestizaje cultural se apoya en conceptos y nociones integrados en una
estructura de lenguaje universal. De allí que cuando tratamos de identidad
latinoamericana hacemos filosofía y en ese proceso nos valemos de diversos
conceptos para explicar nuestro pensamiento, por lo que necesariamente estamos
aportando algo a la universalidad a pesar de que tal hecho no haya estado en
nuestra intención primera.
Por tanto, si pretendemos
encerrarnos en hablar de la identidad solo en nuestro contexto regional sin
pretender trascender, estamos pensando de una manera un poco atrasada, con todo
respeto. Bien sabemos que solo la filosofía busca respuestas a los grandes
problemas que se plantea el ser humano, problemas que son comunes a todos,
razón por la cual es necesario creer en la integración universal sirviéndonos
de un pensamiento incluyente sin ignorar la cultura de ningún pueblo.
Siguiendo la tradición filosófica
encontramos que muchos filósofos comparten que
la esencia del filosofar radica en el principio dual del logos, es
decir, la razón y la palabra. Razonar, por un lado sirve para tomar conciencia
de lo externo y someterlo a las categorías de comprensión interna y, por otro
lado, el logos es la palabra, es esa
capacidad de poder comunicar a los demás, lo definido. Por tanto, tal capacidad
de comprender y hacerse comprender mediante el lenguaje en filosofía está
claramente condicionada por el afán de ser comprendido por la universalidad de
los otros.
Cuando Enrique Dussel, filósofo L.A., habla de que la conciencia es
conciencia de alguien apartándose de la noción de conciencia de algo del
filósofo alemán Edmund Husserl, en
el fondo, entendemos que nos está queriendo decir que ese alguien es
precisamente el otro, el otro universal al que pretendemos aportar nuestra
particular visión cuando hacemos filosofía.
Por tanto, también entendemos que ese alguien
al que Dussel hace referencia tiene
sentido y relación directa con el otro del que habla Lévinas, el otro con el
que entablamos una relación, valga la redundancia, horizontal, es decir de tú a
tú, por lo que no cabría ni pérdida de la identidad en la universalidad, ni la fagocitación
cultural en virtud de una asimetría, pero que para la bancada a favor
parece ser una cortina ilusoria “impedidora” del verdadero diálogo
filosófico.
Como bancada reconocemos que todo
problema de la realidad tiene un carácter filosófico y, hablar de filosofía es
incluir en la universalidad y generar respuestas acerca de esos problemas para
la universalidad. El mismo Leopoldo Zea
consideraba que la universalidad de la filosofía dependía de la capacidad de
los hombres y pueblos para hacer de la razón un instrumento de comunicación, de
diálogo para el intercambio de experiencias para comprender y hacerse
comprender. Siguiendo a Leopoldo Zea nos: “si hablamos ahora de una filosofía
auténticamente universal, no es porque la naturaleza de la filosofía haya
cambiado, sino porque los problemas, por primera vez en la historia de la
humanidad, son universales”.
Entonces, en la medida en que haya
problemas que afectan a todos los seres humanos por igual, más allá de las
diferencias y experiencias propias, la
filosofía L.A. tiene una dimensión universal en la actualidad, tal como nuestra
bancada viene postulando y así como ya antes dijo nuestro primer argumentador “tal
vez cabría en los años setenta la pregunta por la identidad L.A”, pero no hoy
en día.
Entonces dejemos de preocuparnos de
la identidad, existen varios conceptos de realidades q podrimos pensar. Es necesario revestirnos como hombres L. A
que sale de su “minoría de edad”
En definitiva nuestra bancada
apuesta a una solución por la integración universal, asumir nuestra diversidad
en la universalidad como tema que abre el camino a la integración. Por tanto,
aceptamos el mestizaje cultural como clave de interpretación de nuestra
identidad, pero así también creemos que debemos que el tema está superado. No
buscamos ningún idealismo totalizante, absorbente, excluyente,
tiranizante sino como bancada creemos que hablar de universalidad no excluye la
identidad de cada pueblo, sino al contrario la orienta, integra y revitaliza.
Muchas Gracias!!!
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